Pichones

La Academia Vasca de Gastronomía  entregó, el pasado día de San Blas, los premios gastronómicos que, anualmente, concede con el nombre de Manuel Llano Gorostiza y José María Busca Isusi, para recordar, así, a dos figuras de la literatura enológica  y culinaria, respectivamente. El ganador, en esta ocasión, del segundo de los citados premios fue al Criadero de pichones de Navas,  que tiene sus granjas en la mencionada aldea y en Olave, ambas a tiro de piedra de Pamplona. Marcos  Leyun, su propietario y cuidador, abrió las puertas de su empresa a nuestros lectores, para conocer de primera mano las características de esta singular explotación.

Iniciada hace nueve años, hoy en día cuenta con 3.300 parejas de palomas productoras, que se encuentran ubicadas en parques de cuarenta unidades cada uno, con otros tantos nidales. En ellos se sueltan las aves, veinte de cada sexo, y en pocos días se emparejan, al ser monógamas la unión dura todo su ciclo vital. Los pichones nacen del cruce de una selección de machos de gran tamaño y de hembras buenas ponedoras. La puesta es siempre de dos huevos, el periodo de incubación dura diez y siete días y los pichones son sacrificados  con cuatro semanas y media de vida, edad  a la que llegan con un peso cercano a los 600 gr, destacando el gran volumen de sus pechugas que, prácticamente ocultan el esternón. La pareja mantiene su fertilidad cuatro años, pudiendo prolongarse, en casos, a los cinco. En ese tiempo la hembra habrá puesto poco mas del medio centenar de huevos, de los que el 70% llegan a buen termino convirtiéndose en pichones.

Pichón - Gabriel

Foto: Gabriel

La alimentación es primordial a la hora de obtener unos pichones sabrosos, con abundante tejido muscular bien cubierto de grasa amarilla. Pero, curiosamente, los bien nutridos deben ser los padres, ya que sus crías lo único que comen , es la llamada ”leche de papo” producida por sus progenitores. Las palomas comen un 80% de granos de maíz y trigo, el resto es un compuesto proteínico a base, principalmente, de soja. En el buche lo mezclan con una substancia que ellas producen, haciendo una papilla que regurgitan e introducen  en los abiertos picos de los pichones. Estamos , como en el caso de los corderos mamantones , ante unos verdaderos pichones de leche. Una vez sacrificados y desplumados, se depilan a la cera, para eliminarles cañones y plumones. Luego se le retira el contenido del buche, por medio de agua a presión, se evisceran sin retirarles el hígado, que no tiene hiel y aumenta el sabor.

Pueden guisarse en salsa, pero como mejor se aprecia el genuino sabor es  asándolos al horno. Para ello se recubren con tocino de veta, se sazonan interiormente y se atan. Basta poco mas de un cuarto de hora para que estén a punto con la carne sonrosada.

Pichón - Navas

 Foto: Navas

Artículo de Juan José Lapitz publicado en la sección “Saber y Sabor” del El Diario Vasco.

Foto principal: Gabriel

El Cansino volar de las avefrías

vanellus

Vanellus Vanellus (avefría) – Fotografía: Ouwesok

Los aires cálidos de estos día propician que comience el regreso de algunas aves que en otoño, escapándose de los fríos polares, emigraron al sur. Una de ellas es el ave fría, que en euskera conocemos como “egabera”. Su nombre científico responde al de “vanellus vanellus” y pertenece a la familia de las charadiformes.

Se trata de un ave de bastante envergadura que vista en el aire, con su vuelo diríamos que cansino, semejante al de una mariposa, nos semejaría a una paloma, pero que, un vez en la mano, apenas supera el peso de un tordo. Tiene el vientre blanco, pecho negro, parte superior de las alas azul verdoso, siendo su aspecto físico mas distintivo el penacho negro que luce sobre su cabeza. Viaja en grandes bandos emitiendo un clásico pitido (pi-bi-pi-bi…), al que acude con facilidad emitiendo el mismo sonido con una reclamo. Gusta reposar en terrenos labrados y humedales donde se alimenta de insectos y caracolillos, siendo su acción muy beneficiosa para la agricultura

En mi juventud las cazaban con redes en las marismas de Playaundi, en la desembocadura del Bidasoa, cebando el terreno con lombrices, pero contando siempre con un buen cimbel para atraerlas.

No ha sido, al parecer, pájaro muy del gusto de los vascos, ya que es infrecuente encontrarla en recetarios, ni tan siquiera José Castillo en su ardua labor entrevistando a amonas vascas, encontró una sola referencia. A pesar de que Paul Bocuse escribió que es equiparable a la becada en exquisitez En cambio nuestros hermanos navarros, han sabido sacarles su valor culinario, tal como lo recoge Sarobe en “ La cocina popular navarra” Allí las llaman “chugarimas” y en las Bardenas “quinces” y las guisan rehogándolas en aceite, una vez desplumadas, evisceradas y quitadas la piel.

Se le añade cebolla, ajo, zanahorias, un chorretón de vino y se cubren con caldo de carne o agua y se dejan hasta que la salsa se reduzca y las aves (dos por persona) estén tiernas Se sirven cubiertas por la salsa pasada por el chino.

Becada a la sangre

becada

Foto: Nandu Jubany

Dicen los expertos que para obtener un óptimo resultado de esta receta el ave ha tenido que ser abatida al primer tiro. El estrépito de un tiro errado, sobresalta a la sorda becada, que huye despavorida, descargando antes, el contenido de sus intestinos. Precisamente, con este aparente desecho, se elabora la pasta con la que se unta la tostada, sobre la que se sirve la becada asada.

Ingredientes (4 personas)        Tiempo de Cocción 15 minutos

4 becadas

4 lonchas de tocino de veta

4 costrones de pan

150 gr. de foie gras

1 dl. de aceite

sal

pimienta

Modo de preparar

La elección de la becada debe hacer cuidadosamente, ya que debe estar durita y rechoncha. Si tiene las patas flexibles es señal de recién cazada.

Las primeras becadas empiezan en octubre, pero es en invierno cuando esta caza adquiere su gordura y es solicitada por la calidad de su carne. Requiere una cocción corta, de forma que la carne queda rosada al trincharla. Desplumar a última hora y no vaciar, quitándole sólo la molleja y el buche. Pasarla por alcohol, recogerla y bridarla (atarla), teniendo cuidado de vaciar los ojos y quitar el pellejo de la cabeza.

Cubrir las becadas, totalmente, con las lonchas de tocino, previo razonamiento de sal y pimienta. Tapar el pico con papel de aluminio. Rociarlas con el aceite y asarlas a horno fuerte de doce a catorce minutos aproximadamente (depende del grosor). Retirar el tocino, teniendo en cuenta que quedan ligeramente sangrantes, ya que demasiado asadas, perderían parte de sus cualidades y sabor característico.

Presentación

Deshacer los interiores y flambearlo con el brandy. Colocarlas sobre los costurones fritos, embadurnados con el pâté de los interiores o el puré de foie-gras. Servir con un poco de jugo aparte. Acompañar con unas patatas esponjosas o cerilla y berros.


Publicado en el libro “La Cocina Vasca, sus recetas básicas” de Juan José Lapitz