
Lapitz, cortando queso, cual participante en Master Chef.
Hace ya bastante tiempo que no conecto con la emisión del programa Master Chef, que al parecer alcanza altas cotas de pantalla, lo cual quiere decir que es apreciado por un buen número de televidentes.
No lo hago, porque, como ya lo dije en “El Diario Vasco”, no soporto la prepotencia del jurado, especialmente de Jordi. Si el programa trata de formar buenos cocineros, hace falta enseñarles no solo a cocinar, sino también, a hablar correctamente, a tratarse con respeto los unos con los otros y un largo etc. que, en mis tiempos de colegial, y en su conjunto se llamaba urbanidad. Algo de lo que creo se han olvidado los citados señores, con sus actitudes altaneras y humillantes hacia los aspirantes.
Aunque dicen que de niño, yo era un tanto melindroso, esto me gusta y aquello no, a partir del internado en el Colegio de Lecároz, se acabaron todos mis prejuicios y acabé siendo un chaval de buen saque, al que como premio por las buenas notas (cuando las había) me llevaban mis padres a comer al restaurante, que para mi suponía la mayor gratificación.
Desde muy joven me ha gustado probar cosas nuevas, sobre todo productos exóticos, así, por mi gaznate han pasado todos los frutos tropicales, crujientes insectos fritos o asados, carne de tortuga a la brasa o en ragoût, y en mi casa no le he hecho ascos a las ortigas que crecen silvestres en la huerta, bien sea en sopa, puré, gratinadas a la crema o en tortilla , ni tampoco a las anémonas que conocemos como ortigas de mar.
En mi larga vida jamás he encontrado un producto comestible que me haya repugando, bien sea por su sabor, olor o apariencia, hasta el punto que no lo haya podido comer. Esta bien claro que unos me han parecido mejores que otros, pero ni uno solo repugnante hasta el punto de no poderlo tragar.
En el programa citado marcó un hito, hace unos años , al parecer por lo absurdo de su concepción y realización, un plato que se llamó “león come gamba”, pues bien , según leo en la prensa, la semana pasada han presentado otro peor, se trataba, al parecer, de una manzana asada, que el inefable Jordi, calificó como asquerosa. ¿Creen ustedes que un producto alimenticio o una combinación de varios de ellos guisados, puede producir tal repugnancia que invite al vómito, que es la definición exacta de la palabra asco?¿Creen que en un programa de formación, que se emite por televisión, la chulería, la falta de respeto y de educación de un miembro del jurado (que además es propietario de restaurantes), pueda emplear semejante vocablo para hundir y denigrar a un aspirante a cocinero?
Actuaciones como la mencionada, desde mi punto de vista, lo descalifican.





















